EL NORTE DE CASTILLA

LA VIDA DE JORGE MANRIQUE FUE UNA NOVELA QUE CUENTA A TRAVÉS DE LAS COPLAS

Rafael Álvarez Avello Abogado y escritor, autor de “Recuerde el alma dormida”

El autor de las ‘Coplas a la muerte de su padre’ protagoniza una novela que resalta su faceta de poeta-soldado

Rafael Álvarez Avello (Madrid, 1969) es abogado de oficio, aunque durante 19 años ejerció la docencia en la Universidad Complutense, en la que se licenció en Derecho. Después de tener tres libros escritos, acaba de publicar el primero, titulado ‘Recuerde al alma dormida’, primer verso de las célebres ‘Coplas a la muerte de su padre’, de Jorge Manrique. No es una casualidad, porque el célebre paredeño es el protagonista de la novela. El autor ha buscado al poeta-soldado como personaje central de esta ficción de 363 páginas que ha publicado la editorial La Huerta Grande. La querencia por el relato de Rafael Álvarez Avello le viene de una familia que ha dado mucha importancia a la tradición oral. El novelista no oculta su deseo de volver a Paredes de Nava a presentar la novela.

–¿Por qué se le ocurrió escribir un libro con Jorge Manrique como protagonista?

–Por las ‘Coplas a la muerte de su padre’. Para mí son el mejor poema en castellano. Las estudié en el colegio y nunca pude olvidarlas, y cuando investigué a su autor, me di cuenta de que su vida era una novela.

–¿Qué le atrae del personaje?

–Su sensibilidad, su sabiduría, su técnica, su capacidad estética y su perfección como poeta. Llevo mucho estudiando las Coplas y no soy capaz de encontrar defectos ni forma de mejorarlas.

 

–¿En qué aspecto incide más, en el literario o en el de soldado?

–En realidad en los dos. Jorge Manrique era un caballero, pero todos los caballeros debían componer poesías. Era parte de su formación y, posteriormente, de su ‘caballerosidad’. Lo que ocurre es que entre guerra y guerra, y hablando de la guerra, compone la mejor poesía de la historia.

–¿Cómo describe al personaje en la novela?

–Como un soldado que quizá no quiso serlo y que, casi siempre, estuvo en el bando de los perdedores; como un buen hijo que no quería decepcionar a un padre ambicioso; como alguien de una extraordinaria sensibilidad; como un verdadero sabio, capaz de explicar lo complejo de forma simple; y, desde luego, como una persona normal, con sus cosas buenas y malas. Me interesa mucho desmitificar a las grandes figuras de la historia, convertirlos en los humanos que siempre fueron.

–La época histórica en la que vivió Manrique también le interesa. ¿Por qué?
–Fue una época casi increíble. Comienza con el reinado de Juan II de Castilla, que fue un rey débil que acabó renegando de su reinado. Le sucede su hijo Enrique IV, el impotente, un hombre también débil y buena persona. Castilla está en continuas guerras civiles para primero intentar derrocar a Enrique y, después, decidir quién era su heredero. Y, por supuesto, surge la figura de Isabel la Católica, una muchacha que lo tenía todo en contra, pero que se hizo con el trono y que cambió el orden de cosas tanto en Castilla como en el resto del mundo. Con Isabel, hay un antes y un después en la historia.

–¿Qué fuentes ha utilizado?

–Muchísimas. Todos los libros que he conseguido leer sobre ese periodo de la historia y sobre Jorge Manrique. De los de Jorge Manrique creo que el más completo, y el más famoso, es ‘Personalidad y destino de Jorge Manrique’, de Antonio Serrano de Haro.

–¿Cómo ha planteado la novela en relación a la biografía de Manrique?

–He intentado desmitificarlo y humanizarlo. Me interesan las personas, no los ídolos. Aunque al principio no fue así. Por eso cuento su historia a través de un personaje ficticio, un hermanastro con el que compartió la vida, no me atrevía a escribir sobre él en primera persona. Pero después de 10 años investigando y tratando con él, me encontré con un hombre normal (a pesar de su genialidad), con el que me era fácil identificarme. Por eso acabo hablando de sus pensamientos e, incluso, de sus sentimientos. Aunque son una interpretación mía, claro.

–¿Qué es lo que más le interesa de Jorge Manrique?

–Su drama personal. Su vida fue una novela que cuenta a través de las Coplas. Hay mucho de autobiográfico en ellas.

–¿Por qué en su libro es tan importante la feminidad?

–Porque entiendo que es la fuerza que mueve el mundo: una cadena de pequeños actos de amor incondicionales y desinteresados que a menudo pasan desapercibidos. En mis libros siempre hay personajes femeninos muy importantes. Una crítica, con la que estoy de acuerdo, dijo lo siguiente: «Las mujeres de Rafael Álvarez Avello son fuertes, poderosas, con mucha jerarquía moral».

–¿Cómo definiría la obra cumbre de Manrique, las Coplas?
–Las ‘Coplas a la muerte de su padre’ tienen la enorme capacidad de poder ser interpretadas por cada uno según su propia experiencia vital. Todos nos sentimos identificados con ellas. A todos nos sirven y nos dicen algo. Esa es, en realidad, la grandeza del arte.

–¿Qué papel tiene Paredes de Nava en la novela?

–Quizá por mi mala memoria he tratado de no sobrecargar el libro con nombres y fechas. En ese sentido no hablo concretamente de Paredes de Nava, pero hablo continuamente de Castilla. Para mí, Castilla es un personaje más de la novela, un personaje femenino, origen y fin de todo lo que ocurre en el libro.

–¿Ha visitado Paredes de Nava?

–Conozco Paredes de Navas y me hice una foto sentado junto a Jorge Manrique. Me gusta conocer los parajes que describo. Me impresiona darme cuenta que son casi iguales a los que vieron los personajes de mis novelas.

–Sabe que un pueblo de Jaén, Segura de la Sierra, se disputa también el nacimiento del poeta. ¿Qué le parece esta polémica?

–Entiendo muy bien que ambos pueblos quieran ser la cuna de Jorge Manrique. Pero para mí, y aunque no creo que en su tiempo existiera las diferencias que existen hoy entre andaluces y castellanos, Jorge era profundamente de Castilla. Su forma de escribir austera, clara, sin concesiones, sincera, profundamente poética, me resulta más cercana a la forma de ser castellana, sin querer desmerecer a nadie.

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