Ensayo sobre Jorge Manrique (2)

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– En esta lucha por el Maestrazgo de la Orden de Santiago, Rodrigo Manrique se enfrentó con Alvaro de Luna, favorito del rey Juan II de Castilla. Quizá fuera Alvaro de Luna el mayor enemigo de Rodrigo durante su vida y, también, el que mayor número de derrotas le hizo sufrir. Alvaro de Luna, en su tiempo, personalizó al noble de poca estirpe, sin ningún escrúpulo, que consigue el poder mediante su amistad con el Rey y lo utiliza en su propio beneficio. Los dos lucharon por el Maestrazgo de la Orden de Santiago y, ante la desigualdad de fuerzas, Rodrigo llegó a declararse Maestre de forma irregular generando una escisión en la propia Orden. Rodrigo una vez muerto Alvaro siguió intentando ser Maestre pero siempre de forma controvertida. Tanto es así que una vez que Rodrigo muere se le niega la dignidad de haber sido, alguna vez, Maestre de la Orden. Quizá fuera este el motivo por el que Jorge empezó a escribir sus coplas en donde defiende vehementemente la figura de su padre, al que llama “Maestre”. Copla veinticinco:

Aquél de buenos abrigo,

amado por virtuoso

de la gente,

el maestre don Rodrigo

Manrique, tanto famoso

e tan valiente;

sus hechos grandes e claros

non cumple que los alabe,

pues lo vieron,

ni los quiero hacer caros,

pues qu’el mundo todo sabe

cuáles fueron.

– Alvaro de Luna murió decapitado en Valladolid y el rey Juan II un año después, iniciándose el reinado de Enrique IV el impotente. Este reinado estuvo marcado, de nuevo, por la debilidad del rey y por la delegación de sus obligaciones de gobierno en sus favoritos. A pesar de que los primeros años del reinado fueron prósperos, enseguida volvieron a generarse enfrentamientos graves entre el rey y la vieja nobleza. Rodrigo Manrique y su familia se sitúan en el bando de los viejos nobles y luchan contra las desmedidas de los favoritos del rey entre los que destaca Juan Pacheco, Marqués de Villena.

– La vieja nobleza, en su descontento, se atrevió a destronar a Enrique IV acusándolo de tiranía y a coronar a su hermanastro Alfonso. Alfonso era hijo de Juan II e Isabel de Portugal y, por tanto, hermano menor de Isabel la Católica. La ceremonia que pasará a la historia como “la farsa de Avila” tuvo tintes grotescos: Enrique IV fue representado por una especie de espantapájaros y Alfonso era todavía un niño de doce años. Con esta ceremonia se inició una guerra civil por el trono de Castilla. Rodrigo Manrique asume un papel muy destacado dentro del bando del Alfonso y es nombrado Condestable Castilla, es decir, jefe de los ejércitos del rey. No obstante este momento de gloria dura poco porque Alfonso muere tres años después en circunstancias muy dudosas, posiblemente envenenado. El propio Jorge Manrique lo describe así en su copla veinte:

 

Pues su hermano el inocente,

Qu’en su vida sucesor

Le fizieron,

¡qué corte tan excelente

tuvo a cuánto gran señor

le siguieron!

Mas, como fuesse mortal,

metióle la Muerte luego

en su fragua.

¡Oh, juizio divinal,

cuanto más ardía el fuego,

echaste agua!

 

Y en la veintidós:

 

E los otros dos hermanos,

maestres tan prosperados

como reyes,

qu’e a los grandes e medianos

truxieron tan sojuzgados

a sus leyes;

aquella prosperidad

qu’en tan alto fue subida

y ensalzada,

¿qué fue sino claridad

que cuando más encendida

fue amatada?

 

– Con la muerte de Alfonso los viejos nobles volvieron a jurar obediencia al rey Enrique IV. No obstante esta obediencia fue aparente y enseguida buscaron a la hermana de Alfonso para sustituirle. De esta forma aparece, por primera vez, Isabel la Católica como candidata al trono de Castilla.

– Isabel la Católica, ante el fracaso del reinado de su hermano Alfonso, se negó a luchar por el trono de Castilla mientras viviera su hermano Enrique IV el impotente. Por lo tanto ella luchó por ser nombrada la legítima heredera de Castilla. Es clave para entender la figura de Isabel la Católica, la importancia que tuvo para ella el ser considerada la heredera legítima. En la sociedad teocéntrica del S. XV los reyes son los elegidos de Dios para gobernar. De esta forma si alguien se coronaba rey careciendo de legitimidad lo hacía contraviniendo un mandato divino y podía ser derrocado.

– La legitimidad de Isabel la Católica siempre ha sido controvertida. Su hermano Enrique IV fue incapaz de consumar su matrimonio ante testigos. No obstante, siete años después del matrimonio con su segunda mujer, nació una niña a la que se le puso el nombre de Juana (quien pasará a la historia como la Beltraneja). Jurídicamente se presume que los hijos de la mujer son hijos de su marido y, por tanto, debía considerarse a Enrique IV el padre de esta niña. No obstante las dudas sobre su paternidad no están basadas, únicamente, en la impotencia del rey Enrique. Su mujer, la reina Juana de Portugal, tuvo amantes en la corte e incluso, alguno de ellos, fueron favoritos del rey. En la época en la que nació Juana se le presumía a la reina una relación con Don Beltrán de la Cueva, motivo por el que los partidarios de Isabel la Católica llamaron a la niña Juana la Beltraneja. Esta relación entre la reina Juana y Beltrán de la Cueva no está probada, pero sí está probada la que mantuvo con Pedro el mozo, con quien se escapó en vida de Enrique IV y tuvo otros dos hijos.

– Rodrigo Manrique y su hijo Jorge se mantienen siempre fieles a Isabel la Católica. Ven materializarse en ella todos los ideales por los que consideran necesario luchar para salvar a la sociedad castellana de la corrupción a la que la tienen sometida los favoritos del rey. La corrupción la describe Jorge en diversas coplas, aunque quizá las más explícita sea la diecinueve:

Las dávidas desmedidas,

los edeficios reales

llenos d’oro,

las vaxillas tan febridas,

los enriques e reales

del tesoro,

los jaezes, los caballos

de sus gentes e atavíos

tan sobrados,

¿dónde iremos a buscallos?

¿qué fueron sino rocios

de los prados?

– El unir su suerte a la de Isabel la Católica implica para los Manrique recorrer con ella un camino largo y duro hasta su coronación e, incluso, durante sus primeros años de reinado (ver Isabel la Católica “su difícil llegada al trono”). Isabel en este tiempo está lejos de ser una reina reconocida por todos. Se duda de su legitimidad, al fin de cuentas la mujer del rey dio a luz a una hija. Además en la lucha por el trono se entrometen primero Francia y, después, Portugal. Por otra parte el apoyo de los nobles que forman su propio bando es variable en función del riesgo personal que perciben en cada momento. Incluso Juan II de Aragón, padre de Fernando el Católico, se llega a arrepentir de haber “desperdiciado” la alianza política que le debía aportar el matrimonio de su primogénito al casarlo con Isabel.

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